viernes, junio 01, 2007

El Libertador

Hay esclavos en pleno siglo XXI, esclavos del pecado. Muchos no se han dado cuenta de que son esclavos, pero lo son. Para aquellos que reconocen que el pecado los domina (cualquiera que éste sea, mentir, robar, matar, fornicar, etc.) si desean ser libres, es decir, si quieren de verdad dejar de pecar, hay esperanza, puesto que existe un libertador que libera para siempre.

Rafael – Mario, ¿todavía sigues con tu amante?
Mario – Pues sí, me doy cuenta que no me conviene, de hecho ¡no sabes cómo quisiera dejarla!, pero no puedo. Es algo así como que la situación me domina.
Rafael – ¿Ni siquiera te sirve pensar en tu familia, en tus hijos, en lo que estás perdiendo?
Mario – Pues no, ya lo he intentado, la dejo de ver un tiempo, un mes a lo más, y luego regreso a lo mismo. Y tú ¿ya dejaste de emborracharte?
Rafael – Pues mira, yo también tengo períodos, algunos de casi dos meses, en que no tomo. Pero luego, otra vez, como que ya no puedo aguantar más y ¡a beber se ha dicho! A veces no sé ni cómo llego a la casa y cuando me despierto, solo veo la cara de mi esposa y a mis hijas. De verdad que estoy desesperado. Me duele terriblemente el corazón.
Mario – Oye Rafael ¿tú crees que haya modo de salir de este pozo tan profundo?


La Verdad de la Palabra

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Mateo 1:21

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” Y enrollando el libro, (Jesús) lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. Lucas 4:18-21


Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:34-36

Énfasis propio. Versión Reina-Valera 1960.

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